Madrid, 24 oct (EFEAGRO).- La recaudación fiscal del tabaco tiende a la estabilidad desde hace 15 años pese a que el consumo de cigarrillos ha caído más de un 50 % en España, un encaje de bolillos que se explica por la fuerte subida del precio de la cajetilla -que vuelve a aumentar en las últimas semanas- y la estructura impositiva.
Entre 2006 y 2020, el precio medio de la cajetilla de 20 cigarrillos se duplicó, al pasar de 2,25 a 4,53 euros, un importe este último que previsiblemente volverá a crecer en breve, después de años sin alteraciones.
En las últimas semanas, las principales tabaqueras que operan en España (Philip Morris, Altadis, Japan Tobacco International y British American Tobacco) han elevado el precio de venta al público de decenas de sus referencias.
De hecho, algunas de las marcas más vendidas (Marlboro, Camel, Winston, Chesterfield, Fortuna y Lucky Strike lideran las estadísticas) han incrementado en quince céntimos el precio de alguna de sus versiones, que mayoritariamente permanecían inalteradas desde 2017, coincidiendo con la última subida de impuestos aprobada por el Gobierno al tabaco.
En esta ocasión, el repunte se produce sin que exista incremento de la carga fiscal, aunque el Gobierno ya recoge en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2022 -presentado la semana pasada- su previsión de que los cigarrillos se van a encarecer, «después de varios años estancados».

Gran caída del consumo, similar gasto
Las cifras oficiales del Comisionado para el Mercado de Tabacos no dejan lugar a dudas: desde 2006 -cuando entró en vigor la llamada «ley Antitabaco»- las ventas de cajetillas se han desplomado a menos de la mitad.
En España, se comercializan actualmente en torno a 2.200 millones de cajetillas anuales -en 2020, la cifra fue más baja coyunturalmente debido a la pandemia-, frente a los 4.500 millones de entonces.
Sin embargo, el gasto realizado en cigarrillos entre 2006 y 2020 se mantiene en niveles muy similares, por encima de los 10.000 millones de euros, debido precisamente a ese encarecimiento.
Los ingresos fiscales por el impuesto especial del tabaco han oscilado en este período entre los 6.000 y los 7.000 millones de euros aproximadamente, de los cuáles cerca del 90 % proceden de la comercialización de cigarrillos y el resto se generan con la venta de puros, tabaco de liar y para pipa.
Si a esa cifra se le añade lo recibido a través del IVA, la recaudación se eleva hasta el entorno de los 9.000 millones; se calcula que, del precio de cada cigarrillo, casi un 78 % corresponde a impuestos.
Además, las labores del tabaco suponen cerca de una tercera parte de toda la recaudación a través de Impuestos Especiales, sólo por detrás de los hidrocarburos.

Seis años de subidas de la fiscalidad
Entre 2006 y 2020, en seis ejercicios se registraron aumentos de la fiscalidad que fueron acompañados, casi siempre, de un posterior incremento de los precios de venta al público.
El sector del tabaco ya ha advertido sobre los riesgos de una nueva subida y defiende que si el coste de la cajetilla para el fumador sube en un contexto económico desfavorable, puede provocar un repunte del contrabando, tal y como detectó después de la última crisis financiera.
A principios de 2020, el entonces ministro de Sanidad Salvador Illa ya avanzó su intención de promover un nuevo incremento de las tasas del tabaco, aunque por el momento la propuesta no se ha concretado.
El mantenimiento de la recaudación fiscal por esta vía se explica en buena parte por la actual estructura impositiva, no exenta de complejidad y que fija un ingreso mínimo por cigarrillo.
Con la fórmula utilizada, la administración pretende desincentivar a las compañías a bajar precios por debajo de cierto importe, una medida que reduciría sus ingresos fiscales salvo que se registrara un incremento del consumo, un efecto que también desea evitar alegando razones sanitarias.
El principal impuesto al tabaco es el «Ad Valorem», fijado en el 51 % y ligado directamente al precio de venta, por lo que más recauda cuanto más alto sea su valor, y a él suma un «Específico» de 24,7 euros por cada mil cigarrillos.
Sin embargo, para aquellas marcas que venden por debajo de 4,19 euros no se aplican estos tipos y directamente se activa el impuesto «Mínimo», que exige un pago de 131,5 euros por cada mil cigarrillos.
Además, en 2013 se introdujo el llamado «doble mínimo» para penalizar todavía más a quienes vendan por debajo de 3,92 euros (con una tasa de 141 euros por cada mil cigarrillos), lo que en la práctica ha hecho que nadie comercialice por debajo de ese importe.
Óscar Tomasi